No solo aprendí cosas, empecé a vivirlas
La historia de Guus, quien llega a la Escuela de Transmisión en busca de conocimiento y descubre una forma de vida diferente
Guus llegó a la Escuela de Transmisión con curiosidad, no con expectativas.
No buscaba una transformación.
Buscaba aprender.
«Buscaba temas relacionados con la esencia de la vida», afirma. Cosas que nunca había encontrado en la educación convencional. La naturaleza, la comida, la comunicación, la espiritualidad … Una forma de reconectar con la curiosidad y con el aprendizaje mismo tras años de sentirse desconectado de él.
“Vine en busca de conocimiento e inspiración”, explica. “Para saciar de nuevo mi sed de aprender”
Lo que no esperaba era lo profundamente personal que se volvería el viaje.
“No me imaginaba que sería una experiencia tan transformadora”, dice. “El desarrollo personal fue el hilo conductor de todo”
El aprendizaje no se limitó al ámbito intelectual. Tocó las emociones. Las capas se fueron desprendiendo poco a poco. Guus habla de enfrentarse a viejas heridas y patrones que había arrastrado durante años, no de forma dramática, sino con una honestidad y humanidad conmovedoras.
“Me acercó a mí mismo”, reflexiona. “Me ayudó a ver quién soy realmente y qué legado puedo dejar”
Otra parte esencial de la experiencia fue la perspectiva.
Para Guus, la Escuela Transmission atrae a personas que se atreven a vivir de forma diferente. Personas de distintas edades, orígenes y culturas, dispuestas a honrar su auténtica esencia y a elegir activamente una vida acorde con sus valores.
“Estar rodeado de gente así fue increíblemente inspirador”, dice. “Me demostró que es posible otra forma de vida”
Esa constatación fue de suma importancia.
Tras su primer mes en la escuela, Guus regresó brevemente a los Países Bajos. Unos días después, volvió para un segundo mes. Poco después, comenzó a viajar por Europa, colaborando como voluntario en diferentes proyectos y comunidades que exploraban formas de vida alternativas.
“La Escuela de Transmisión me dio el impulso inicial para eso”, dice. “Estoy muy agradecido”
Dos años después, Guus regresó.
Esta vez, no era porque se sintiera perdido, sino porque algo se estaba integrando.
“Esos dos meses fueron el punto de partida”, explica. “Los años que siguieron fueron la etapa de integración”
Algunas lecciones tardaron en asimilarse. Otras se revelaron mucho después. Regresar fue como cerrar un capítulo y abrir otro, y a la vez ver con claridad cuánto había crecido ya.
“Me emociona darme cuenta de esto”, dice. “Me siento orgulloso y muy agradecido. Sé que muchas de las semillas de quien soy hoy fueron plantadas en aquel entonces”
Cuando se le pregunta cómo esa experiencia influye en su vida diaria, Guus lo tiene claro.
No se trata de rutinas rígidas ni de prácticas diarias.
“No soy de los que siguen estructuras estrictas”, dice. “Lo que me marcó fue una forma diferente de ver la vida”
Una sensación de pertenecer a algo más grande. Mayor presencia. Más corazón, menos cabeza. Una creciente claridad sobre su propósito y un cambio natural en las personas con las que se rodea.
“Las lecciones no se quedaron solo en lecciones”, explica. “Ahora las estoy viviendo. Se han convertido en parte de quien soy”
Guus no describe la Escuela de Transmisión como un lugar que le haya dado respuestas.
Lo describe como un lugar que le dio permiso.
Permiso para cuestionar, para sentir, para elegir de manera diferente.
Y eso, quizás, es lo que perdura más tiempo.